La mayoría de los países mediterráneos han creado redes de áreas protegidas que tienen como objetivo proteger áreas representativas o que se encuentren en perfecto estado. Algunas están despobladas, pero otras dependen de la participación activa de las poblaciones locales que viven dentro y alrededor de ellas para mantener sus valores naturales.

Además de su función para la conservación, a lo largo y ancho del Mediterráneo, las áreas protegidas contribuyen al bienestar de los seres humanos, a la reducción de la pobreza y al desarrollo sostenible. Entre otras funciones, ayudan a proteger las especies y la diversidad genética, mantienen los servicios de los ecosistemas, apoyan a los medios de vida de las poblaciones locales y ofrecen una gran variedad de bienes y oportunidades.

El número de áreas protegidas en el Mediterráneo ha aumentado considerablemente durante la última década y los convenios medioambientales y los acuerdos multilaterales han estimulado el desarrollo de varios sistemas de áreas protegidas (sitios Ramsar, Reservas de la Biosfera, sitios naturales y mixtos del Patrimonio Mundial, ZEPIM…). Sin embargo, si bien el número y el tamaño de las áreas protegidas ha crecido, aún se sigue perdiendo diversidad biológica en la región. Una de las razones para eso podría ser aspectos del sistema y de la gobernanza actuales relacionados con la creación y gestión de los espacios protegidos del Mediterráneo, que tienen las siguientes deficiencias:

  • La diversidad de los objetivos, criterios y metodologías utilizados durante el proceso de selección de los diferentes sistemas de áreas protegidas y su falta de coordinación, no permiten el desarrollo de una red integrada, efectiva, dinámica y representativa de la ecología de la región;
  • Debido a las cuestiones sobre planificación y gestión que deben tenerse en cuenta cuando se analizan la viabilidad de los objetivos de conservación, la dinámica de los hábitats, la participación de los interesados directos, los conocimientos tradicionales relativos a la gestión de los recursos naturales, las amenazas y las zonas de influencia, la mayoría de las veces las áreas protegidas no cumplen sus objetivos de conservación de la biodiversidad ni satisfacen su contribución a los medios de vida de las personas que viven en estas áreas o en sus alrededores;
  • El enfoque ecosistémico a menudo no se aplica bien y se limita al establecimiento de corredores de conectividad sin considerar de forma adecuada la gestión integrada del paisaje global de toda la zona de influencia, que puede abarcar hábitats de una gran variedad de especies, reservas genéticas, cuencas hidrográficas o elementos culturales. Estos paisajes terrestres y marinos más amplios son componentes fundamentales de las estrategias nacionales y globales para la conservación de la biodiversidad. A la vez que protegen el patrimonio natural y cultural, también pueden ayudar a reducir la fragmentación de los hábitats y contribuir a mitigar la pobreza ofreciendo medios de vida sostenibles mediante la gestión integrada y sostenible de sus recursos naturales (Programa de Trabajo de Áreas Protegidas de la CBD);
  • En la mayoría de los casos, no se establece la base de referencia que permita la evaluación y el seguimiento de la integridad ecológica de las áreas protegidas;
  • La agencia encargada de la gestión de las áreas protegidas a menudo asume exclusivamente la gobernanza, y en varios países del Mediterráneo, la participación de las comunidades locales y otros agentes clave en el establecimiento y la gestión de las áreas protegidas es inadecuada;
  • Las áreas protegidas a menudo no están bien financiadas y los instrumentos para una financiación sostenible no están muy desarrollados;
  • En muchos países de la región, la formación y la capacitación de los que gestionan las áreas protegidas es insuficiente, al igual que la concienciación de los responsables de las decisiones sobre la contribución que aportan estas áreas al desarrollo sostenible.

El nivel de flexibilidad con respeto a los incentivos para la conservación de la biodiversidad y las medidas para el uso sostenible difiere mucho según los países. Muchos de ellos ponen en práctica todavía un “enfoque proteccionista” con una fuerte jurisdicción centralizada sobre unas áreas terrestres en particular y vínculos débiles con las poblaciones locales, los usuarios de los recursos o las economías locales, aunque la legislación y las actitudes siguen desarrollando. A menudo la jurisdicción centralizada sobre las áreas protegidas no concuerda con las competencias descentralizadas (p.ej. de los gobiernos regionales y sus equivalentes) o puede haber conflictos de intereses entre los ministerios implicados (p.ej. si se han creado nuevos ministerios medioambientales), aumentando la necesidad de una coordinación interministerial con los gestores actuales de las áreas protegidas, tales como los departamentos de silvicultura o de agricultura. Asimismo, se reconoce que las políticas sobre el uso del suelo fuera de las áreas protegidas, en las zonas costeras así como en las áreas semimontañosas, contribuyen a la creación de valores únicos del paisaje mediterráneo.

La mayoría de las áreas protegidas de la región son de categorías IV y V de la UICN, y el pequeño número de categorías I, II y III demuestra la realidad del Mediterráneo y la presencia de actividades humanas.

Uno de los campos de trabajo en alza de la región es que la capacidad de las áreas protegidas se vea como una oportunidad para el desarrollo local en vez de una limitación. Varios países tienen una experiencia creciente en este tema, mientras que otros están muy atrasados en el cumplimiento de sus compromisos con la protección.

Las áreas protegidas desempeñarán un papel importante para aumentar la resiliencia de los ecosistemas en el escenario del cambio climático. Uno de los fines de la adaptación es asegurar que la red existente de áreas protegidas consiga conservar la biodiversidad en el futuro mediante la identificación y la corrección de las debilidades actuales. Entre las acciones previstas para revisar y mejorar los sistemas de áreas protegidas, se pueden destacar:

  • Equilibrar la conservación de la cantidad de de especies y la complejidad ecológica y la protección de la diversidad paisajística (p.ej. el límite altitudinal dentro de las reservas es importante para permitir la migración hacia cotas más altas; la heterogeneidad de la topografía, el hábitat y el microclima en las reservas permite una mayor flexibilidad en las respuestas de los organismos al cambio climático).
  • La zonificación flexible de las fronteras de las reservas, el desarrollo de una gestión más eficaz de la zona tampón y la gestión inter situ (una gestión activa de la vida silvestre fuera de las áreas protegidas) desempeñarán un papel creciente en la distribución de las especies y las pautas de migración en condiciones de cambio climático.
  • La fragmentación, provocada por los actuales patrones de uso de la tierra antrópicos y las barreras inducidas, puede ser el mayor obstáculo para la adaptación del ecosistema en un clima cambiante. Los efectos de borde que acompañan a la fragmentación exponen los hábitats complejos a los extremos del clima.