El Mar Mediterráneo cubre alrededor de 2,5 millones de km², con un litoral aproximado de 46.000 km. Las profundidades máximas son de 3.000 metros en la cuenca occidental y de 5.092 metros en la oriental, con una plataforma continental estrecha. Este mar semicerrado tiene una historia geológica particular, dado que ha pasado por etapas en las que era un mar cerrado, semiseco y tropical y ha sufrido cambios radicales de nivel y de salinidad. Sus aguas se renuevan cada 70 años.

El Mar Mediterráneo es uno de los más diversos en cuanto a especies, a pesar de las bajas concentraciones de nutrientes que caracterizan sus aguas. Posee el 6% de las especies del planeta con menos del 1% de la superficie oceánica mundial, y aunque gran parte de la fauna es originaria del Atlántico, los niveles de endemismo también son elevados (28%), incluyendo algunas especies emblemáticas de interés para la conservación global.

Hay alrededor de 20 especies de cetáceos, desde delfines hasta cachalotes y ballenas. El Mediterráneo alberga unas 750 especies de peces, entre las que se incluyen los tiburones y las rayas, así como los lugares de desove del atún rojo del Atlántico. Cinco especies de tortugas marinas están también presentes en el Mar Mediterráneo, de las que dos anidan regularmente a lo largo de las costas del este y del sur. La población en peligro crítico de foca monje se reparte entre el Mediterráneo y el Mar de Mauritania en el Atlántico. Las especies fundamentales y las áreas en estado crítico, como son las praderas marinas y los arrecifes de coral, se encuentran a lo largo de las costas, mientras que las aguas pelágicas y profundas mantienen una fauna única y sensible.
Además, el Mediterráneo es la cuna de la civilización. La ocupación humana, que se remonta varios milenios, ha cambiado los paisajes y aumentado la presión sobre los recursos naturales (crecimiento de población, sobreexplotación de las aguas dulces, sobrepesca, contaminación, riesgos del tráfico marítimo, especies invasoras, introducción de especies no autóctonas, desarrollo incontrolado de las zonas costeras y turismo), lo que podría tener consecuencias en cascada para las casi 150 millones de personas que viven en las áreas administrativas costeras y los 200 millones de turistas que visitan la región al año. Es probable que esta situación empeore por los efectos negativos del cambio climático.

Para mitigar estos impactos y amenazas, las herramientas fundamentales para la conservación y el uso sostenible son la regulación (p. ej. la pesca, la acuicultura, el tráfico marítimo) y la planificación territorial (p. ej. las áreas marinas protegidas, reservas de pesca, zonas de restricción pesquera) de todas las actividades humanas.

Recientemente, la gobernanza de las áreas costeras y su gestión han sido fortalecidos por el nuevo protocolo del Convenio de Barcelona sobre la gestión integrada de zonas costeras (GIZC).

Es necesario mejorar la gobernanza del Mediterráneo en mar abierto dada la complejidad de la situación cultural y política de la región; la mayor parte del mar se encuentra bajo un régimen de alta mar debido a la declaración parcial o falta de declaración de las zonas económicas exclusivas.

La conservación y el uso sostenible son las principales prioridades de muchos socios en el Mediterráneo: el Plan de Acción del Mediterráneo - PNUMA/PAM (Convenio de Barcelona, Protocolos) y sus centros de actividad regionales (las Áreas Especialmente Protegidas - CAR/AEP, el Programa de Acciones Prioritarias - PAP/CAR, Plan Azul, Respuesta a Situaciones de Emergencia de Contaminación Marina - CERSEC), la Comisión General de Pesca del Mediterráneo - CGPM (FAO), el Acuerdo para la conservación de los cetáceos en el mar Negro, Mar Mediterráneo y zona atlántica contigua (ACCOBAMS), WWF (Oficina del Programa Mediterráneo) y la Red de gestores de áreas protegidas marinas del Mediterráneo – MedPAN, así como los convenios internacionales pertinentes (la Convención sobre los Humedales de Ramsar, el Convenio sobre la Diversidad Biológica, etc.).

El Programa marino de la UICN-Med trabaja en varias iniciativas pragmáticas, tanto para conservar y restablecer la integridad biológica del Mar Mediterráneo como para fomentar el desarrollo sostenible de la región.

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