Salvar vidas ahorrando dinero

04 April 2009 | News story
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Tenemos una oportunidad única en la vida para compatibilizar los objetivos de la salud, el medio ambiente y los económicos, afirman Maria Neira y Diarmid Campbell-Lendrum de la Organización Mundial de la Salud.

Si bien podemos decir que el cambio climático es el desafío que caracteriza a este siglo, asegurar la salud de todos sigue siendo el asunto no concluido del siglo pasado. Más de diez millones de niños mueren cada año, lo cual constituye una afrenta para la dignidad humana. Y en los últimos meses, el surgimiento de la crisis financiera mundial amenaza con recortar los recursos disponibles para hacer frente a cualquiera de estos problemas. Esto lleva a muchos a preguntarse si en estos tiempos tan difíciles, deberíamos invertir en salvar vidas ahora, en luchar contra el cambio climático, o en ninguno. ¿Qué es más importante, los glaciares, las personas o los saldos en las cuentas bancarias?

No obstante, si las examinamos con mayor detenimiento, estas opciones aparentemente difíciles empiezan a desagregarse para ser reemplazadas por una perspectiva más optimista. ¿Podría esta ser una oportunidad única en una generación para compatibilizar mejor los objetivos de la salud, el medio ambiente y los económicos?

Durante los últimos 20 años, la OrganizaciónMundial de la Salud (OMS) ha estado dando la voz de alarma con una urgencia cada vez mayor. El cambio climático afectará, de modos profundamente adversos, los requisitos básicos para una buena salud: aire y agua limpios, cultivos alimenticios básicos viables y vivienda adecuada. Cada año, cerca de sesenta mil personas mueren en desastres naturales relacionados con el clima, casi un millón muere de malaria, más de dos millones de diarrea y tres millones y medio de desnutrición. Considerando que todas estas amenazas son sumamente sensibles a las condiciones climáticas, podemos esperar que las mayores temperaturas y los climas más extremos haganmuchomás difícil combatirlas. La carga de estas enfermedades recaería principalmente en los pobres, las mujeres y en especial los niños, es decir, los que menos han contribuido a la emisión de gases de efecto invernadero en el mundo. Ellos no solo necesitan protección sino que la merecen.

Ahora se presenta la primera oportunidad para compatibilizar el cambio climático y la salud. En el lenguaje de la comunidad del cambio climático, hay una necesidad de 'adaptación de la salud', para proteger a los más vulnerables frente a los riesgos asociados con el cambio climático. Por consiguiente, es preciso movilizar nuestra maquinaria a escala mundial y recursos como el Fondo de adaptación (para proyectos concretos de adaptación en países en desarrollo que sean Partes en el Protocolo de Kyoto) a fin de ayudar a proteger la salud.

Cuando la comunidad de la salud examina esta situación, usa su propio lenguaje y se refiere a la prevención de las enfermedades o a la protección de la salud pública. Pero el objetivo es el mismo, salvaguardar vidas, cualquiera sea el clima. Y lo que es más importante aún, la comunidad de la salud tiene una gran capacidad para ayudar a lograr este objetivo. Se supone que el cambio climático provocará cambios en los problemas de salud existentes, más que el surgimiento de nuevas enfermedades desconocidas. Sabemos bien cuáles son las acciones preventivas necesarias para lidiar con la mayoría de las enfermedades sensibles al clima. Reforzar estas acciones ayudaría a salvar vidas ahora (el objetivo de la protección de la salud), y a reducir la vulnerabilidad frente al cambio climático en el futuro (el objetivo de la adaptación).

Cada año, cerca de sesenta mil personas mueren en desastres naturales relacionados con el clima, casi un millón muere de malaria, más de dos millones de diarrea y tres millones y medio de desnutrición.

Tenemos un ejemplo en el cambio climático que, junto con otras tendencias mundiales como el mayor desplazamiento de las personas, los vectores de enfermedades y los patógenos, amenaza con propagar las enfermedades infecciosas y exacerbar las epidemias. El sector salud ya cuenta con sistemas de vigilancia, en los planos local e internacional, pero hay debilidades en la cobertura y en la capacidad de respuesta que serán cada vez más notorias en un clima cambiante. La mejor respuesta, por lo tanto, es reforzar los actuales sistemas de vigilancia de la salud e integrarlos con aquellos que vigilan el clima y otras condiciones ambientales que favorecen el brote de enfermedades, además de las enfermedades que afectan a los animales silvestres y domesticados.

Otro ejemplo son los recursos de agua dulce que están disminuyendo en todo el mundo, principalmente debido a la extracción y la contaminación del agua. Se supone que el cambio climático acentuará el estrés por falta de agua, especialmente en regiones que ya están secas, como el este del Mediterráneo y el norte de África. Un programa integrado de mejoramiento de los servicios de agua y saneamiento, la desinfección de los puntos de uso y la conservación del agua reduciría la carga actual de enfermedades y la vulnerabilidad al estrés por falta de agua en el futuro.

En las actuales condiciones económicas, es de vital importancia que estas acciones sean eficaces en función de los costos. Las inversiones en infraestructura de agua y saneamiento tienen una relación costo-beneficio sumamente favorable. Nuevos métodos como los sistemas de alerta y alarma para prevenir las muertes durante las olas de calor también están demostrando ser altamente eficaces en función de los costos. Llámeseles adaptaciones al cambio climático o medidas de salud pública, terminan siendo un buen negocio.

El segundo punto de compatibilización se relaciona con el largo plazo de la estabilización climática. Muchas de las medidas que podrían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, como el uso de fuentes más limpias de energía en la generación de electricidad, el transporte y los hogares, y la planificación urbana que permite el uso seguro y eficiente del transporte público, suponen importantes beneficios colaterales para la salud. Estos incluyen la reducción potencial de algunas de nuestras mayores cargas de enfermedad: las 800 000 muertes anuales provocadas por la contaminación del aire exterior, el millón ymedio demuertes debidas a la contaminación del aire en locales cerrados, el 1,9 millón por inactividad física y los 2,6 millones por la obesidad.

Los argumentos de salud presentan una enorme oportunidad desperdiciada para quienes promueven la mitigación del cambio climático. La experiencia ha demostrado que, por lo general, cuantificar los beneficios para la salud y el bienestar puede inclinar la balanza en favor de decisiones que sean más favorables al medio ambiente. Por ejemplo, un análisis costo-beneficio de la Ley del aire limpio, de Estados Unidos, reveló que cada dólar invertido en la aplicación de la ley generaba 42 dólares en beneficios para la sociedad, casi totalmente mediante mejoras para la salud. El informe de 2007 del Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático señaló que los costos demuchas intervenciones en favor de la mitigación serían compensados parcial o totalmente con los beneficios para la salud. Con frecuencia, se da a estos beneficios igual o mayor valor que el 'costo social' del dióxido de carbono, o el 'costo de mercado' en los esquemas de comercialización del carbono. En otras palabras, a estas intervenciones se les debería valorar y otorgar incentivos no solo por proteger el clima sino también por proteger la salud.

El cambio climático afectará, de modos profundamente adversos, los requisitos básicos para una buena salud: aire y agua limpios, cultivos alimenticios básicos viables y vivienda adecuada.

Estos beneficios para la salud también son inmediatos y locales, lo cual suele hacerlos especialmente atractivos para los políticos y el público en general. Algunas personas argumentan, con razón, que si las poblaciones más ricas moderasen su consumo de carnes rojas, se reducirían las emisiones de gases de efecto invernadero. Deberían argumentar con igual fuerza que ello también ayudaría a reducir su riesgo de obesidad, enfermedad coronaria y cáncer de colon.

A fin de lograr beneficios mutuos para la salud y el medio ambiente, tendremos que empezar a trabajar juntos más estrechamente; y ya estamos facultados para hacerlo. El Secretario General de las Naciones Unidas ha señalado que el cambio climático y la salud son las prioridades de su mandato. Los Objetivos de desarrollo del Milenio comprenden objetivos en el ámbito de la salud, el medio ambiente y el desarrollo. El objetivo declarado de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) es evitar daños a la salud y el bienestar, así como al medio ambiente y al desarrollo económico. Y el año pasado, los 193 países representados en la Asamblea Mundial de la Salud aprobaron una resolución exhortando a una acción más firme para proteger la salud de los efectos del cambio climático, incorporando plenamente a la comunidad de la salud en la lucha contra este desafío global.

No obstante, estos esfuerzos se siguen realizando de forma aislada. Aunque se supone que la salud es un objetivo central de la CMNUCC y con frecuencia se le señala como una prioridad en los planes nacionales de adaptación, la representación del sector salud es prácticamente nula en la Conferencia de las Partes de la CMNUCC. Por lo tanto, no es de sorprender que se presenten poquísimos proyectos de adaptación de la salud, y que muy pocos de ellos reciban financiamiento. Y lo que es quizás más importante, podríamos perder la oportunidad de asegurar que un nuevo futuro bajo en carbono también promueva la salud, con lo cual todos terminaríamos perdiendo.

Estamos en capacidad de lograr algo mucho mejor que esto. Los sectores de la salud y el medio ambiente tienen enormes fortalezas, cuentan con el apoyo del público, con las capacidades y la motivación de millones de profesionales y voluntarios, y con recursos financieros importantes (si bien aún insuficientes). Habrá algunas situaciones cuando se presenten verdaderos conflictos entre los objetivos ambientales y de salud. En estos casos, tengan por seguro que la OMS apoyará con vehemencia las acciones que salven o mejoren la mayor cantidad de vidas en el plazo más corto. Pero sin lugar a dudas, serán más las veces que estemos del mismo lado que en lados opuestos. Combatir el cambio climático y mejorar la salud deben ser parte de la misma batalla.


La Dra. Maria Neira es directora de Salud pública y medio ambiente, y el Dr. Diarmid Campbell-Lendrum es especialista en cambio climático y salud, en la OMS.


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