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Cada otoño, millones de mariposas monarca recorren más de 4.000 kilómetros desde el sur de Canadá hasta los bosques del centro de México, culminando una de las migraciones más extraordinarias del planeta. Desde la investigación científica hasta el trabajo directo con comunidades locales, la UICN y sus Miembros contribuyen a la conservación de este fascinante fenómeno natural mediante iniciativas que fortalecen tanto la resiliencia de los bosques que son hábitat de las mariposas, como los medios de vida de las comunidades que dependen de ellos.

 

 

La mariposa monarca migratoria es categorizada como Vulnerable por la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN™, y considerada en riesgo de extinción. Cambios estacionales en la expresión de ciertos genes ayudan a activar el estado migratorio de la mariposa, y su capacidad para orientarse y mantener la dirección correcta durante el viaje se basa en una brújula solar regulada por relojes biológicos presentes en sus antenas.

Giulia Clerici/IUCN

Cada año, entre noviembre y marzo, millones de mariposas monarcas migratorias (Danaus plexippus plexippus) invernan en los densos bosques de oyamel y pino de los estados de México y de Michoacán, culminando una travesía de más de 4.000 kilómetros que comienza en la región de los Grandes Lagos, en el sur de Canadá.

Las mariposas que en otoño llegan a los bosques de Michoacán descienden de aquellas que, en marzo del mismo año, emprendieron el largo viaje hacia el norte. A lo largo de este recorrido se suceden entre tres y cuatro generaciones.  

Hacia el final del verano nace la llamada generación Matusalén, distinguida por su extraordinaria longevidad: puede vivir hasta ocho meses, casi el triple que las demás. Son estas mariposas las que emprenden el viaje completo a través de Canadá y Estados Unidos para regresar a los sitios de hibernación en el centro de México.

Los sitios de hibernación mexicanos fueron descubiertos en 1975 por los zoólogos canadienses Fred y Nora Urquhart, quienes, con la ayuda de miles de voluntarios, lograron mapear la ruta migratoria de las mariposas colocando diminutas etiquetas en sus alas. En el año 2000 se creó la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca, con una extensión de 56,259 hectáreas. En 2008, la reserva fue declarada Sitio de Patrimonio Mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

 

 

 

 

Más de 27 800 personas —dueñas del territorio— viven en la reserva, distribuidas en 68 ejidos (un tipo de terreno agrícola comunal), 12 comunidades indígenas y 41 pequeñas propiedades.

Giulia Clerici/IUCN
Giulia Clerici/IUCN

 

 

 

 

Estos bosques captan agua que alimenta el Sistema Cutzamala, el cual abastece a más de 5 millones de personas en la Ciudad de México y su Zona Metropolitana.

Paradójicamente, cuando la reserva fue declarada área protegida, las personas que vivían del aprovechamiento forestales se quedaron sin alternativas económicas. Como resultado, se registró un incremento de la superficie degradada del bosque.  

En respuesta a esta situación, se creó una organización llamada Alternare, basada en una premisa sencilla: cuando las comunidades cuentan con medios de vida dignos y sostenibles, disminuye la presión sobre los recursos naturales de la reserva. Miembro de la UICN, Alternare lleva ya 28 años trabajando con comunidades indígenas y ejidos de la Región Monarca.

En su Centro de Demostración y Capacitación en Aporo, Michoacán, Alternare imparte un curso gratuito de nueve meses para formar a hombres y mujeres de las comunidades de la zona en técnicas de agricultura y construcción sostenibles. Actualmente, 215 instructores formados a través de este programa replican lo aprendido en 15 estados de México.

Alternare también impulsa estas mismas técnicas en las comunidades. Hasta la fecha, 10,200 personas se han beneficiado, de las cuales el 98% son mujeres.

“Es muy impactante ir a las comunidades y ver como las mujeres adoptan y replican los conocimientos adquiridos, construyendo una estufa ahorradora de leña para su hermana o ayudando a su cuñada a construir un biofiltro. En Alternare estamos convencidos de que tenemos que fortalecer la gobernanza y el tejido social de las comunidades, así como brindar alternativas de vida. La clave ha sido la confianza que se ha generado con las comunidades, en estos 28 años de trabajo ininterrumpido, bajo una metodología de trabajo de campesino a campesino”, Karen Vega, directora de Alternare.

“En las comunidades no hay oportunidades para estudiar, así que después de la secundaria me tuve que ir de internado para poderme graduar como Ingeniera Agrónoma. No tenía planeado regresar a la comunidad, pero por azares de la vida regresé unas vacaciones y ahí me buscaron para trabajar en temas de reforestación. Al tiempo me quedé sin trabajo, y como siempre me ha gustado cultivar, pensé, si no voy a generar dinero, por lo menos voy a generar mi proprio alimento. Me inscribí en el curso de Alternare, con el plan de producir comida para mí misma y para tener un ingreso.  

Las comunidades cuidan con mucho esmero el bosque, y finalmente todos nos beneficiamos de eso, porque respiramos, tomamos agua, y consumismos productos de madera. Todos estamos involucrados, pero dejamos que las comunidades sean las que sacan la tarea. Personalmente lo que me gusta es apoyarles para que puedan seguir conservando pero teniendo más recursos y medios de vida dignos”, Edith Julieta Blanco, del ejido El Paso.

Giulia Clerici/IUCN

 

 

Alternare también apoya grupos organizados de mujeres que producen y comercializan miel, derivados medicinales de plantas, jabones, verduras y abonos orgánicos. Doña Luz y Esmeralda son parte del colectivo de mujeres Los Cedros. En su pequeño restaurante de montaña La Joya, en las cercanías del Santuario de la Mariposa Monarca de El Rosario, ofrecen comida orgánica cultivada en sus huertas con las técnicas de producción sostenible impulsadas por Alternare.

A pesar de los esfuerzos, los retos persisten. El área ocupada por las colonias de la mariposa monarca migratoria en México ha ido disminuyendo paulatinamente, desde un promedio de 9 hectáreas en los años 90s, hasta 2 hectáreas en los años 2000. Si bien estimaciones recientes indican un aumento del 64 % en la población de la especie este año, la tendencia a largo plazo sigue siendo de declive.

En México, las principales presiones que amenazan la sobrevivencia de esta especie emblemática son la tala legal e ilegal y la deforestación para dar paso a la agricultura, especialmente al cultivo de aguacate, y al desarrollo urbano. Por otro lado, los pesticidas y herbicidas utilizados en la agricultura intensiva a lo largo de su área de distribución matan tanto a las mariposas como al algodoncillo (Asclepias), la planta huésped de la que se alimentan sus larvas.  

El cambio climático también representa una amenaza en rápido crecimiento: las sequías y los extremos de temperatura limitan el crecimiento del algodoncillo, aumentan la frecuencia de incendios forestales, y desencadenan migraciones más tempranas.

 

 

 

 

Alfonso Martinez es un productor de ganado y maíz de la comunidad de San Nicolás Romero. A través de los años, ha notado de primera mano cómo el cambio climático ha alterado los ciclos naturales y afectado la productividad de la tierra.

Giulia Clerici/IUCN

“En los años 90 la temperatura promedio era de unos 16 grados centígrados, ahora está en 22-25. Años atrás aquí corrían ríos, y hoy está seco. Todo esto a raíz de la deforestación.

Cuando nuestros bisabuelos llegaron desde distintas partes de México hace unos 120 años, esta zona era bosque virgen, que fue talado para construir el ferrocarril. Cuando las obras terminaron, se establecieron aquí y comenzaron a cultivar maíz, frijol, arvejas y trigo.

Con este grupo de productores estamos tratando de entender cuál es nuestro papel en el ecosistema y que efectos tienen nuestras acciones. Estamos definiendo acciones de mejora como mejorar la producción de forraje para el ganado para acortar el tiempo de pastoreo en la reserva.

Si nosotros que vivimos al límite del bosque no lo cuidamos, las demás partes del municipio van a carecer de agua y de otros servicios que nos da el bosque, es una cadena. Somos los principales beneficiados, pero también los principales responsables. Por eso estamos tratando de crear conciencia”, Alfonso Martinez

Alfonso es uno de los beneficiarios del proyecto SaBERES, una iniciativa financiada por la Iniciativa Climática Internacional (IKI) del Ministerio Federal de Medio Ambiente, Protección del Clima, Protección de la Naturaleza y Seguridad Nuclear de Alemania, e implementada por un consorcio liderado por WRI y del cual la UICN es miembro. El proyecto promueve la adaptación al cambio climático de pequeños productores mexicanos, a través de herramientas financieras, estrategias de Adaptación basada en Ecosistemas (AbE) y acompañamiento técnico.

La experiencia de Alternare y de SaBERES demuestran que proteger la migración de la mariposa monarca significa mucho más que conservar una especie emblemática. Implica fortalecer a las comunidades que custodian los bosques, recuperar prácticas productivas sostenibles y comprender que la salud de los ecosistemas y el bienestar de las personas están profundamente entrelazados. Solo así, este extraordinario viaje podrá seguir repitiéndose cada año.