Avanza la actualización del Mapa de Pueblos Indígenas, Áreas Protegidas y Ecosistemas Naturales en Centroamérica
Reunidos en San Pedro Sula, Honduras, dirigentes de redes y organizaciones de Pueblos Indígenas de Centroamérica y México lideran, con el apoyo de la Unión Europea, de los gobiernos de Suecia y Canadá y de la organización Pan para el Mundo, el cuarto diálogo intercultural para la actualización del mapa, herramienta estratégica de conocimiento, incidencia y reivindicación de derechos territoriales de los Pueblos de la región.
El Mapa de Pueblos Indígenas, Áreas Protegidas y Ecosistemas Naturales en Centroamérica se ha consolidado, a lo largo de más de tres décadas, como una herramienta estratégica de referencia regional. Al integrar información geoespacial sobre territorios indígenas, áreas protegidas y ecosistemas naturales, ha permitido evidenciar la correlación entre las zonas de uso y ocupación de Pueblos Indígenas y la conservación de la biodiversidad.
Su principal valor radica en haber trascendido su función meramente cartográfica para convertirse en un insumo determinante en procesos de investigación, formulación de políticas públicas, y fortalecimiento de la gobernanza territorial con enfoque de derechos. Desde su elaboración, el mapa ha sido ampliamente utilizado por organizaciones internacionales, centros de investigación, universidades, entidades gubernamentales, organizaciones y redes de Pueblos Indígenas como base para el desarrollo de análisis territoriales, investigaciones, publicaciones especializadas y acciones de incidencia.
Publicado originalmente en 1992 y actualizado en 2002 y 2016, el mapa inició en 2023 un nuevo proceso de actualización, impulsado a través de una serie de diálogos interculturales entre organizaciones y redes indígenas de la región. Este proceso cuenta con el acompañamiento técnico de la UICN, y el apoyo financiero de la Unión Europea y la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Asdi).
El cuarto diálogo intercultural se llevó a cabo en abril de 2026 en San Pedro Sula, Honduras, con el apoyo adicional del Gobierno de Canadá y la organización Pan Para el Mundo. Durante estas jornadas, se llevaron a cabo espacios de intercambio de las experiencias y lecciones aprendidas en la elaboración de los tres mapas anteriores. Asimismo, se consideraron los enfoques técnicos, las metodologías y los instrumentos que servirán para la recolección y validación de información de cada una de las capas que componen el mapa, así como la construcción de la ruta de trabajo para los siete países de la región.
De esta forma, el encuentro no sólo permitió avanzar en la conceptualización, alcances y metodología para la actualización del mapa, sino que también consolidó un espacio clave para el intercambio de saberes, la construcción colectiva y el fortalecimiento de alianzas orientadas a la protección de los ecosistemas, los territorios y los derechos de los Pueblos que los habitan.

De la mirada externa a la mirada propia: Pueblos que representan su territorio
Las primeras versiones del mapa fueron elaboradas en 1992 y 2002 por la National Geographic Society y el Center for the Support of Native Lands, bajo el liderazgo técnico-científico del antropólogo estadounidense Mac Chapin.
"Este mapa nació de una idea muy sencilla: mostrar la relación que existía entre los Pueblos Indígenas de Centroamérica y los bosques”, cuenta el Dr. Chapin. “Varios académicos, antropólogos, biólogos y geógrafos con conocimiento de la región colaboraron de manera voluntaria. Sin embargo, en ese momento solo había tres centroamericanos involucrados en el proyecto. Para el segundo mapa, realizamos talleres en Centroamérica y se conformó un equipo regional. Cuando salió publicado en la revista, este mapa generó un impacto muy fuerte. Antes de ese mapa, pocas personas sabían dónde se ubicaban los territorios indígenas de la región. Además, los Pueblos Indígenas no estaban organizados, y yo creo que este proceso del mapa dio un fuerte impulso a su organización”, añade Chapin.
En 2016, con el apoyo financiero de la Agencia de Cooperación Internacional de Dinamarca (DANIDA), la UICN asumió el liderazgo en la facilitación de un proceso de actualización que permitió la participación de investigadores indígenas y de más de tres mil quinientos líderes, lideresas y miembros de organizaciones de Pueblos Indígenas del istmo. Este proceso, que conllevó dos años de trabajo de campo y procesamiento de datos, contó con el apoyo del Consejo Indígena de Centroamérica (CICA), así como de los gobiernos centroamericanos, la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD) y organizaciones de sociedad civil vinculadas con esfuerzos de conservación.
"El rol de la UICN ha sido acompañar, facilitar y articular: aportar herramientas técnicas, abrir espacios de diálogo y respaldar un proceso que es liderado por los Pueblos Indígenas y avalado por los gobiernos de la región. Y esto responde a una convicción muy clara para nosotros: no es posible avanzar en conservación ni en acción climática sin reconocer y fortalecer la gobernanza territorial indígena”, señala Úrsula Parrilla, Directora Regional de la UICN para México, América Central y el Caribe.
Actualmente, el proceso de actualización es liderado por el CICA y la Red de Mujeres Indígenas sobre Biodiversidad de América Latina y el Caribe (RMIB-LAC), entre otras redes indígenas regionales.
Hubo un cambio muy radical. Ya no nos tenemos que apropiar del mapa, porque ahora el mapa es nuestro
- Onel Masardule, director ejecutivo de la Fundación para la Promoción del Conocimiento Indígena en Panamá y Consejero Indígena de la UICN.

De la evidencia a la incidencia: mapear para comprender, cuidar y defender
A finales de la década de 1980, se puso en evidencia la acelerada tasa de deforestación en Centroamérica: producto de la expansión agrícola y ganadera, la cobertura forestal de la región pasó de un 80% del territorio en 1950, a menos del 50% en 1990.
El mapa de 1992 evidenció que la deforestación no había ocurrido de manera homogénea, sino que existían territorios donde los bosques se habían mantenido a lo largo del tiempo. Al analizar estas áreas, surgió un hallazgo determinante: muchos de estos bosques coincidían con territorios indígenas.
Posteriormente, el mapa de 2016 evidenció que el 38% del territorio terrestre de la región correspondía a zonas de uso y ocupación de Pueblos Indígenas. Asimismo, el 48% del área boscosa y el 37% de las áreas protegidas terrestres del istmo se encontraban en sus territorios. Aquí también se encontraba el 59% de los arrecifes coralinos, el 24% de los bosques de mangle, el 71% de los pastos marinos, el 27% de las zonas de anidación de tortugas marinas y el 65% de las áreas de avistamiento de manatíes.
De esta forma, la evidencia generada por el mapa confirmó el papel estratégico de los Pueblos Indígenas en la conservación de los ecosistemas terrestres, de agua dulce y marinos críticos de la región, así como en el mantenimiento de los servicios ecosistémicos que estos proveen, como la captura de carbono, el abastecimiento de alimentos y la protección de la biodiversidad. En este sentido, evidencia que la conservación de la biodiversidad a largo plazo pasa necesariamente por reconocer la contribución y liderazgo de los Pueblos Indígenas.
"Con este mapa estamos demostrando que donde hay biodiversidad, están los territorios indígenas; donde hay bosque, están los territorios indígenas. [Esto a su vez demuestra que] para que exista la conservación de la biodiversidad, para buscar alternativas frente al cambio climático, es necesario respetar y reconocer los territorios y los derechos de los Pueblos Indígenas”, afirma Masardule.
Esta información se vuelve crucial para apoyar los procesos de toma de decisiones en relación con la protección de la biodiversidad, la mitigación y adaptación al cambio climático y una conservación basada en derechos.
"Es imprescindible tener una herramienta como este mapa para entender donde los Pueblos Indígenas están conservando biodiversidad y saber cómo [desde el gobierno] podemos apoyarles a seguir haciendo conservación con mejores estrategias, con políticas más inclusivas. […]. El Mapa representa la herramienta para hacer conservación con inclusión y justicia social”, indica Patricia Orantes, Ministra de Ambiente de Guatemala.
Asimismo, la evidencia arrojada por el mapa permite medir y reportar los avances nacionales en el cumplimiento de la Meta 3 del Marco Global de Biodiversidad de Kunming Montreal, que establece que, para 2030, al menos el 30% de las zonas terrestre, de agua dulce y marinas del planeta se encuentre bajo algún sistema de protección.
"Los Pueblos Indígenas están planteando que el mapa es uno de los instrumentos para implementar esa meta, para implementar ese Marco Mundial que le va a permitir al mundo seguir conservando sus recursos naturales”, comenta Ramiro Batzín, Co-presidente del Foro Internacional Indígena de Biodiversidad.
Según Silvel Elías, integrante del equipo de actualización del mapa, uno de los principales desafíos es lograr que las narrativas globales sobre cambio climático y biodiversidad integren de manera efectiva las perspectivas y demandas de los Pueblos Indígenas, reconociendo su contribución fundamental a la conservación de los ecosistemas naturales. Este reconocimiento, señala, debe traducirse en la garantía de una participación plena y efectiva de los Pueblos Indígenas en los procesos de toma de decisiones relacionados con el manejo y la gestión de los recursos naturales, así como en el respeto de sus derechos colectivos, entre ellos la propiedad colectiva de las tierras, territorios y recursos naturales; la libre determinación; el uso tradicional de la biodiversidad; la distribución justa y equitativa de beneficios; y la consulta y aplicación del principio de consentimiento libre, previo e informado. Actualmente, estos elementos continúan siendo insuficientemente considerados en los marcos legislativos y las políticas vigentes.
El mapa, lo voy a sostener siempre, para nosotros es una herramienta de reivindicación de derechos de los Pueblos Indígenas a nivel de Mesoamérica”
- Amedeo Martínez, consejero mayor del Consejo Indígena de Centroamérica (CICA).

Historias, cosmovisiones y saberes: los hilos del tejido del territorio
Los mapas simplifican lo que nosotros queremos saber, conocer, pero también expresar sobre el territorio. La elaboración de cartografía desde los Pueblos implica sin duda un proceso de descolonización de la expresión territorial. […] Los dueños del territorio, los habitantes del territorio, son los que le dan forma y contenido al mismo”
- Arturo Arreola, Miembro de la Comisión de Política Ambiental, Económica y Social (CPAES) de la UICN.
Los mapas son herramientas poderosas que permiten comprender las características esenciales de los territorios, y a partir de este entendimiento, impulsar cambios sociales, ambientales y territoriales. Para los Pueblos Indígenas y afrodescendientes, especialmente, los mapas no solo representan espacios geográficos, sino que se convierten en medios para documentar su relación histórica con la tierra, preservar su cultura, lengua y cosmovisión, y fortalecer la defensa de sus derechos colectivos.
"Para nosotros el territorio es el espacio donde se desarrollan las prácticas, donde se transmite el conocimiento, donde se cuentan las historias. Entonces, este proceso no es sólo dibujar un mapa, es dibujar la vida misma de los Pueblos Indígenas, sobre todo de las mujeres, sus conocimientos, sus sistemas propios de gobernanza, sus prácticas, sus sitios sagrados que no están reflejados en otros mapas”, señala Florina López, Coordinadora de la Red de Mujeres Indígenas sobre Biodiversidad de América Latina y el Caribe.
Los mapas, además, permiten comprender las presiones que se ciernen sobre los recursos naturales, los territorios, y las formas de vida.
"Pareciera que para los Pueblos Indígenas nunca va a dejar de haber amenazas, porque justamente en nuestras costas, en nuestras montañas, en nuestros bosques, ahí es donde está la riqueza de la biodiversidad. Entonces cada día hay más actividades extractivas, y hay que seguir defendiendo [el territorio]. Yo creo que el mapa justamente sirve para eso, para demostrar cómo esas amenazas han ido deteriorando toda esa riqueza. […] Y hay que recordar que los Pueblos Indígenas no están luchando solo para ellos, sino por la humanidad entera, por la misma naturaleza, porque al final del día todos estamos sobre esta Tierra”, concluye López.

Conocimiento ancestral, ciencia y tecnología: saberes que se complementan
El Mapa de Pueblos Indígenas, Áreas Protegidas y Ecosistemas Naturales en Centroamérica, es un ejemplo concreto de como la unión entre el conocimiento tradicional, la ciencia y la tecnología pueden fortalecer procesos de conservación de la biodiversidad, en el marco de un enfoque de conservación basada en derechos.
Los sistemas de información geográfica permiten traducir las formas tradicionales de representación territorial de los Pueblos Indígenas en herramientas técnicas que hacen visible y comprensible esa información en espacios institucionales. Este proceso no solo preserva la perspectiva indígena sobre el territorio, sino que la convierte en un lenguaje común que puede ser reconocido por autoridades y gobiernos. Así, los mapas dejan de ser únicamente expresiones culturales para transformarse en instrumentos de incidencia política, facilitando el diálogo, la defensa de derechos y la reivindicación territorial en ámbitos nacionales y regionales.
Para Marcos Williamson, geógrafo integrante del equipo de actualización, el mapa acerca los conocimientos indígenas hacia la cartografía digital, para que los Pueblos y las autoridades puedan tener un lenguaje común de intercambio de información. De esta forma, se posibilita la interlocución entre los dos actores principales.
En este sentido, el mapa constituye una herramienta estratégica para promover el diálogo, la cooperación y la construcción de acuerdos entre los gobiernos, las organizaciones de conservación y los Pueblos Indígenas. Al hacer visibles los territorios, los recursos naturales y las formas tradicionales de manejo, facilita la toma de decisiones informadas y el reconocimiento de intereses compartidos. De esta manera, se espera que contribuya a establecer alianzas y compromisos de largo plazo orientados a la conservación, el uso sostenible y la restauración de los ecosistemas y la biodiversidad terrestre, de agua dulce y océanos, fortaleciendo al mismo tiempo los derechos y la gobernanza territorial de los Pueblos Indígenas.

El proceso de actualización del Mapa continuará en los próximos meses mediante talleres nacionales de co-construcción y validación. La nueva versión del mapa contempla la actualización de las capas de bosques, áreas protegidas, recursos marinos costeros y territorios indígenas terrestres y marinos. Además, prevé la integración de nuevas capas como áreas clave para la biodiversidad (KBA, por sus siglas en inglés) y sitios de importancia cultural para los Pueblos Indígenas, así como la incorporación del Sur de México.
Es muy importante que en esta noción de la construcción del mapa deconstruyamos la idea de México y Centroamérica. Y reconstruyamos la idea de Mesoamérica. [...] Eso nos permite restablecer diálogos, restablecer redes, restablecer caminos, puentes. Este mapa significa retejer Mesoamérica.
- Arturo Arreola, Miembro de la Comisión de Política Ambiental, Económica y Social (CPAES) de la UICN.