Pasar al contenido principal

Cada 28 de junio celebramos el Día Mundial del Árbol, en el que las redes se llenan de fotos de bosques y frases para recordar la importancia de los pulmones del planeta. Sin embargo, poco se habla de su origen: la semilla, una protagonista silenciosa e indispensable. 

Autor: Profonanpe - Miembro UICN

 

En los bosques secos de la costa norte del Perú, donde el principal problema es la escasez de agua, se suman nuevos personajes: las familias que allí viven. Estas, al igual que las semillas, destacan por su resiliencia y adaptación ante largos períodos de sequía. 

Pero, ¿este proceso es así de sencillo?

Los bosques secos ocupan aproximadamente tres millones y medio de hectáreas de la costa norte peruana. Aunque constituyen menos del 5 % de la cobertura forestal del país, desempeñan un papel estratégico para la conservación de la biodiversidad, la regulación hídrica, el almacenamiento de carbono y la resiliencia frente al cambio climático. Este ecosistema es hogar de 114 comunidades campesinas de Piura, Tumbes, Lambayeque y La Libertad, que conocen el verdadero significado de una semilla: vida, sombra, agua y fuente de trabajo.

No obstante, este territorio enfrenta una gran presión antropogénica, que se traduce en pérdida de diversidad biológica y degradación de las tierras producto de la expansión de la frontera agrícola, el sobrepastoreo, las prácticas forestales insostenibles, el tráfico ilegal de especies y los impactos causados por el cambio climático.

Para cambiar esta realidad, nace el proyecto Bosque Seco, cuyo objetivo es restaurar el bosque seco con enfoque de paisaje de la mano de las comunidades que allí viven e impulsar los medios de vida de forma sostenible con el ambiente. Financiada por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), la iniciativa está liderada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), quienes actúan como agencias implementadoras del GEF. La ejecución está a cargo del Ministerio del Ambiente del Perú, en alianza con Profonanpe.

 

Restauración del bosque: una tarea planificada

Para la identificación de los sitios prioritarios para restaurar los bosques secos se empleó la metodología de Evaluación de Oportunidades de Restauración (ROAM), la cual considera aspectos ecológicos, sociales y económicos en su proceso de selección. De esta manera, se ha logrado identificar alrededor de 100 sitios degradados, en el norte del Perú, con mejores oportunidades para la restauración. Ejemplo de ello es la Comunidad Campesina José Ignacio Távara, ubicada en el distrito de Chulucanas, en la región Piura.

En la comunidad J.I. Távara, desde 2025, se ha logrado capacitar a 150 familias para restaurar 304 hectáreas usando la técnica de dispersión de semillas, las cuales son protegidas de sus depredadores mediante la técnica japonesa del nendo dango. Para ello se utiliza arcilla, estiércol de ganado caprino, agua y las semillas de las especies forestales a restaurar, las cuales se mezclan hasta formar bolitas uniformes listas para su dispersión. Para 1 ha se requiere entre 1000 a 1200 bolitas dispersadas cada 3 m.

“Lo interesante de esta técnica que hemos aprendido es que una vez terminadas las bolitas las almacenamos y no les pasa nada. Luego, cuando van a empezar las lluvias, las esparcimos en el bosque a una distancia adecuada para que no queden muy juntas. El agua de la lluvia deshace la bolita y ayuda en la germinación de la semilla”, afirmó Rosita Elvira Ancajima Nima, durante una visita técnica de la titular del Ministerio del Ambiente de Perú.

Esta técnica resulta ser una de las más eficientes para la restauración del bosque seco, dado que la arcilla y el estiércol le ofrecen protección y nutrientes a las semillas, evitando que sean comidas por depredadores, protegiéndolas del clima adverso, sincronizando su dispersión en la época de lluvias y mejorando su germinación. Además, permite usar una diversidad de semillas de las especies forestales del bosque seco. 

 

Proyecto Bosque Seco
©Proyecto Bosque Seco
 
La semilla se hace brinzal, pero la historia podría terminar allí...

El brote de la semilla es solo el primer paso; su supervivencia es el verdadero reto de la restauración en zonas amenazadas por el estrés hídrico. Tras la regeneración natural o la dispersión comunitaria, la protección de la plántula joven, o brinzal, se vuelve crítica debido a la presión del pastoreo. Para mitigar esta amenaza, las familias implementan una solución basada en la naturaleza: la técnica de la "nodriza artificial". 

Antes de construir la estructura de una nodriza se necesita tener claro qué plántulas se van a proteger. Se realiza una pequeña poda de formación, en caso de ser necesario, y con las ramas cortadas luego del raleo del mismo bosque se construye una pirámide cuadrada cuya cúspide es amarrada con alambre. La tarea termina cuando se cubren todas las caras de esta estructura, usando ramas más finas que sirven como barrera frente al ganado que allí pastorea. 

La nodriza forestal, tiene como función principal proteger a la planta pequeña: le da sombra, humedad y aporta nutrientes. Asimismo, crea un microhábitat gracias al cual se atrae otras a especies como insectos, aves, roedores; quienes aportan indirectamente en la restauración con la diseminación de las semillas.

Sergio Lazo, coordinador del proyecto Bosque Seco, indica además que “esta técnica es sostenible e innovadora porque favorece la regeneración natural con soluciones de bajo costo en las que se integran los medios de vida de las familias que subsisten gracias a la ganadería caprina. Este ganado, a su vez, se alimenta de lo que produce el bosque y aporta el estiércol que protegerá las nuevas semillas."

Esta experiencia de restauración en el norte del Perú contribuye a revertir la degradación de los bosques secos y al cumplimiento de la Submeta nacional voluntaria de NDT número 1: “Recuperación del 7,5 % de las tierras desertificadas, degradadas y afectadas por la sequía, y una recuperación anual de por lo menos 0,5 % de las tierras afectadas por desertificación”.

Sin duda, la regeneración de cada árbol en la costa norte peruana es el resultado de un hilado fino, que va más allá de solo plantar árboles. Implica recuperar procesos ecológicos, fortalecer el conocimiento local e impulsar un tejido social con las comunidades que habitan los bosques secos.

Así, podemos mirar más allá de la fotografía. Detrás de los imponentes árboles que limpian nuestro aire, regulan el agua y sostienen la biodiversidad, existe un trabajo silencioso que empieza en el suelo. Por eso, la verdadera celebración es el compromiso diario de acompañar la vida desde su origen más discreto, asegurando que el ciclo del bosque seco siga latiendo para las futuras generaciones de todo el país.

 

Proyecto Bosque Seco
©Proyecto Bosque Seco

 

 

Sobre el proyecto

Manejo sostenible y restauración del bosque seco de la costa norte del Perú (Bosque Seco) busca promover la conservación y recuperación de los bosques secos de Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad, fortaleciendo la conectividad y resiliencia de este ecosistemas, incrementando la capacidad adaptativa de las poblaciones y generando medios de vida locales sostenibles. El proyecto tiene socios locales como la población de comunidades campesinas o locales, productores locales asociados e individuales, organizaciones locales, emprendedores, empresarios y entidades gubernamentales.

Financiada por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), la iniciativa está liderada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), quienes actúan como agencias implementadoras del GEF. La ejecución está a cargo del Ministerio del Ambiente del Perú, en alianza con Profonanpe.